Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres. Virgen singular, soberana y perfecta, elegida por Madre de Dios y preservada por Él de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción. Así como por Eva nos vino la muerte, por ti nos viene la vida, pues por la gracia de Dios has sido elegida para ser Madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.
A ti, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta novena, para rogarte que nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado.
Acuérdate, Virgen Santísima, que has sido hecha Madre de Dios no sólo para tu dignidad y gloria, sino también para nuestra salvación y provecho de todo el género humano. Acuérdate que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu auxilio haya sido desamparado. No me dejes, pues, a mí tampoco, porque si me dejas me perderé; y yo tampoco quiero dejarte a ti, antes bien cada día quiero crecer más en tu verdadera devoción.
Y alcánzame principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un gran aprecio por la virtud cristiana; y la tercera, una buena muerte. Además, dame la gracia particular que te pido en esta novena (hacer aquí la petición que se desea obtener).
Descripción de la pregaria
Novena tradicional en honor de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, proclamando que fue preservada de toda mancha de pecado original desde su concepción. Se reza durante nueve días —del 29 de noviembre al 7 de diciembre— como preparación a la solemnidad del 8 de diciembre, pidiendo a la Virgen pureza de corazón y crecimiento en las virtudes cristianas.
Cómo se reza
Una novena se reza durante nueve días consecutivos, con la intención de pedir una gracia especial, agradecer un favor recibido o prepararse para una fiesta religiosa. Cada día suele comenzar con la Señal de la Cruz y una oración de introducción. Luego se realiza una meditación o lectura propia del día, seguida de oraciones específicas como jaculatorias, letanías o peticiones. Finalmente, se concluye con oraciones tradicionales como el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria. En algunos casos, hay una oración final que se reza al término de cada día o especialmente el último día. La constancia y la devoción son fundamentales para vivir la novena con fruto espiritual.
Categoría
Novena